2 de julio de 2013

Adios, Virginia Berasategui Luna

Llevo algunos días pensando en el positivo por dopaje de Virginia, lo cierto es que este tema no me debiera importar mucho, por un simple principio egoísta de no preocuparse de aquello que no te repercute directamente, porque aparentemente no me repercute directamente.
Pero quizás no sea así, en caso contrario no le estaría dando vueltas. Éste no es un caso de dopaje “cualquiera”, no, éste es el caso de Virginia Berasategui Luna, y para mí significa algo más.

Tu dopaje, Virginia, me ha hecho recordar mi historia con este deporte. Tu historia posiblemente sea diferente.

Alguna vez he contado por aquí la importancia que le doy al deporte, lo que para mí significa en el crecimiento, y en su caso asentamiento, ya en la madurez, de una persona, tanto en el plano de valores (sacrificio, constancia, valor para enfrentarse a retos, esfuerzo, planificación, espíritu, vitalidad, etc) como en lo que físicamente y psicológicamente aporta la práctica deportiva en el cotidiano día a día.
Es por ello que cuando, como en este caso, el deporte se convierte en un reflejo más de lo que es la sociedad en sus más bajas miserias, me entristece. Alguno me dirá que "es lo que hay", y que determinados "circos" deportivos no representan ninguno de los valores comentados. Pero en mi caso el deporte lo entiendo y lo analizo desde la perspectiva de un prácticamente habitual, no concibo una vida sin deporte. También me gusta ver los grandes eventos, y prácticamente de todos las deportes, pero principalmente me siento deportista, con todo lo que ello significa, al menos para mí. Lo que en algunos casos se conoce como deporte “circo” lo tengo cogido con pinzas, y ahí me quedo con muy pocas cosas.

Volviendo al tema. Hace muchos años, un domingo cualquiera, me dio por empezar a correr. A decir verdad me dio por correr después de participar sin preparación alguna en una maratón con 15 años, y sufrir por ello el salvaje desgaste que una prueba de este tipo ocasiona, pero con algún tipo de veneno "deportivo" inoculado en ese día.

En Bilbao, porque uno también es de Bilbao, como Virginia, se bajaba a correr al “parque de los patos”, un pequeño parque en el centro de la capital. Por allí, de vez en cuando, había un tipo dicharachero y jovial que si te veía se ponía a correr a tu vera, y te contaba batallitas. Este tipo era Javier Berasategui, padre de Virginia. En aquel momento yo no sabía quién era él, y mucho menos sabía lo que era el triatlón. Pero fue él el que me comentó, en esos breves minutos en el que alguna vez coincidimos corriendo, de esta modalidad del "nada-pedalea-corre". Y ahí quedó el triatlón, en la cabeza por algunos años, mientras yo seguía trotando por el parque de los patos.
Algún tiempo más tarde en un bar (bajaba más a los bares que al parque de los patos) vi un cartel publicitario de triatlón, no recuerdo si del circuito Caja Postal o de Le Coq Sportif, una foto de un triatleta mirando al mar, sentado de espaldas con un trimono. Me quedé prendado de esa foto, la verdad es que no acabo de entender la razón, pero ocurrió. Y otro día pasaron unas imágenes de triatlón en la TV y me dije “Esto, esto es lo que hace Javier Berasategui, y lo quiero hacer yo”. Y un poco más tarde vi a Javier en el periódico "El Correo" ocupando doble página con su participación en el Ironman de Hawaii, conocí de sus andanzas como pionero de este deporte, etc. Y aunque hasta los 30 años no empecé realmente a practicarlo (hasta entonces no tuve las “agallas” de apuntarme a aprender a nadar a un curso de natación en el polideportivo municipal, con señoras de 50 años, casi los que tengo yo ahora...) era algo que desde aquel cartel del bar sabía que iba a hacer.

A Virginia la sigo desde sus inicios de niña en las carreras por el País Vasco, la he observado con cierta admiración y ese pequeño orgullo teatrero que tenemos los de Bilbao. He sabido de sus andanzas, de sus cambios de entrenador, de algunas de sus vicisitudes. He preguntado a su padre por ella las pocas veces que he tenido ocasión. Hemos coincidido en unas cuantas carreras, y me ha pasado veloz en muchas de ellas, y cada vez que lo hacía yo la animaba, con cierto orgullo, como creo que hacíamos todos. Nos alegrábamos de que volase bajo y rápido. Como también nos alegrábamos las pocas veces que conseguíamos quedar delante, así es el deporte, así debiera ser.

Pero resulta que ahora nos cuentas entre sollozos y lágrimas que te has dopado por “error”, repites insistentemente tu nombre y primer apellido en tu declaración, "Virginia Berasategui", como si este nombre te avalara o protegiera de alguna manera, y no lo hace, además de que tu nombre “completo”, para en su caso honrar a ambos padres, es Virginia Berasategui Luna. 
Nos dices que únicamente te has dopado para esta última carrera. Y la verdad es que me parece una gran farsa, me gustaría que mi instinto se equivocase, pero no lo suele hacer, y al igual que me pasa cuando los líderes de turno nos arengan con sus mentiras, siento que tú también me estás tomando por más tonto de lo que soy, aunque seguro que no estás pensando particularmente en mí, ni en nadie realmente.
¿Sólo te has dopado para esta última carrera en la que te ibas a retirar? ¿Con EPO?? Nos cuentas cosas del machaque sufrido por tu cuerpo, de la necesidad del dopaje, de que ha sido un error… Y todo ello me resulta absolutamente increíble, una gran farsa.


Virginia, en este camino has dejado fuera del pódium a muchas compañeras que compitiendo limpio no te han podido ganar (quizás tampoco lo hubieran hecho yendo tú limpia, eso ahora me da igual) has dejado sin premios económicos, posiblemente también sin sponsors, y sin gloria, a gente que no ha recurrido al dopaje, y me pongo en su piel, y me entran escalofríos. Tiene que joder, y mucho, muchísimo. Me pongo en la piel de todos esos triatletas profesionales que aman y viven de este deporte (no Virginia, no me digas que tú lo amas) y que se ven manchados por el caso de dopaje de la triatleta femenina posiblemente más representativa que ha dado este país.

En cualquier caso, Virginia, no te deseo nada malo, sinceramente. Bien es verdad que recuperarías algo de dignidad deportiva (sí, ya sé que es muy caro comprar dignidad) si colaborases con los organismos correspondientes para tirar de la manta, para decir realmente toda la verdad, ayudando a desmontar, al menos en parte, esta lacra de dopaje. Pero para ello, como digo, sí que tendrías que pagar un peaje altísimo con todos esos que te han podido acompañar en este lamentable viaje. Eso sí que tendría valor y demostraría agallas, esas que algunos te atribuyen por haber admitido el dopaje. En cualquier caso espero que rehagas tu vida, lejos del deporte de competición, pero que sigas adelante tan fuerte como puedas.

Por mi parte, como última reflexión sobre el dopaje en general, espero también que algún día se puedan establecer sanciones de por vida, con la reposición absoluta por parte del dopado de todos los premios conseguidos, y la correspondiente multa económica que cubra también los beneficios económicos durante toda la vida deportiva, no sólo la posterior al posible positivo. Eso significaría que en el caso de que en un momento de tu carrera profesional se te pasara por la cabeza doparte, sepas que, si te pillan, no sólo vas a perder lo que ganes a partir de ese momento, sino todo lo anterior. Quizás con esto alguno se lo pensase dos veces antes de seguir por este camino. Algún día, también tal vez, se persiga con dureza a todos aquellos que proveen, planifican y gestionan esta gran mafia del dopaje, mafia de la que sinceramente creo que los deportistas, aún teniendo mi más absoluta repulsa, son los menos beneficiados (en la mayoría de los casos), amén de que son los que ponen en riesgo su salud, incluso su vida, con estas prácticas.

Adiós Virginia, intentaré borrarte de esta mi memoria deportiva, seguro que sin ninguna importancia para ti, pero joder, es mi memoria, y cuesta desmontarla, aquella de la que formabas parte en un lugar representativo, por ser quien eras, hija de quien eras, por ser también de donde eras, y por conseguir lo que habías conseguido.

PD: La foto para ilustrar el post es intencionada. Google Imágenes está repleta de fotos tuyas en podiums y carreras, exultante y victoriosa, pero ninguna me valía. Tampoco alguna de tu rueda de prensa admitiendo el dopaje. Me quedo con ésta sacada de tu facebook, y me pregunto en que momento de nuestra vida perdemos la inocencia.

6 comentarios:

Nacho Cembellín dijo...

Genial post Kike, coincido en todo y además entiendo por fin, porque cojones corres como un pato!!!!.

Diego Santamaria dijo...

Nada que añadir.
Como Cembellín, suscribo todo lo que dices.

natxo dijo...

Tantos nos sentimos así, tal vez despues de la rabia, pero al final tristes, sin mas.

Alberto Bravo dijo...

Chapeau!

JoanCesc dijo...

Buenas reflexiones, coincido contigo. Lamenteblemente, otro icono que hay que borrar de la memoria. Por suerte, el primero de la lista, a quien superar y retar es uno mismo.

Joseba Barron dijo...

Aquí hay mucho más que un "error gravísmo" como dice ella en su declaración. Cuando utilizas EPO sabes que te van a pillar sí o sí. Si aún así usas EPO (son varios meses de inyecciones para que de resultado) es porque "empleas un nuevo sistema" puede que de "microdosis", puede que oculto por otro fármaco... y te lo están ofreciendo por "gente" (por no decir delincuentes) que te aseguran que no se detecta. Ahora sí, ahora se ve la magnitud del error. Esto no es un mal día, un cabreo, un instante de flaqueza que te has metido una inyección, no. Esto es un plan, un programa, algo calculado milimetricamente, algo llevado a cabo desde hacía meses...
Si antes no lo entendíamos nadie, ahora menos, ya que el lado oscuro de Virginia ha durado muchos días hasta terminar en el Triatlon de Bilbao. Estaba segura de que era indetectable!
Pero ya ves. Se detectó.
Podemos pensar: seguro que con este positivo se acaban todos, se entra en razón y nadie más se dopa. Nada más lejos de la realidad.
Esto pasa como un rayo al deporte popular y es ahí donde la red que se lo suministró se hace de oro. Si no se desmantela esa red con la colaboración de Virginia, será como un cáncer, y se extenderá hasta alcanzar proporciones incalculables.
Tenemos un problema Virginia.